jueves, marzo 05, 2009

Primero león, luego cordero... Soda Stereo

Interdependencia responsable
“Todo lo que hagas influye en el universo”.
Facundo Cabral.

La interdependencia del modelo económico actual establece relaciones más estrechas en muchos sentidos, hay quienes dicen que sí Estados Unidos estornuda a México le da gripa. Apreciando estas redes insoslayables de la dependencia económica, agregaría que además de la gripe mexicana, se instauraría una cuarentena en los países europeos.
Desgraciadamente esta interconexión no aplica en rubros tan intensamente básicos como los derechos humanos.
Respecto a ello, la labor de los medios se ha establecido en función de quién lo dice y no en qué dice. Por tanto ha sido más influyente el hecho de oír comentarios, recomendaciones o consejos por parte de tal o cual comunicador; entonces si es Javier Alatorre, conductor del noticiario “Hechos de TV Azteca”, el que expresa que la Comisión de Derechos Humanos ha decidido realizar recomendaciones al Estado mexicano, su información será tan válida como la simpatía que permea en los televidentes.
La ciudadanía ha expresado cierto fervor contrario a las labores de la Comisión, ya que en épocas pasadas, el supuesto delincuente era culpable hasta que demostrara lo contrario. Debido a una interpretación errónea, desde esta perspectiva, se considera inhumano a quien trasgrede la civilidad y la paz social. ¿Es válido?
No se debía esperar menos, pues muchas voces han sido acalladas bajo el amparo de una supuesta paz social, democracia y respeto.
El principio básico de ser humano se deja de lado por la posibilidad de mostrarse como juez inquebrantable con alta moralidad. Los tratos poco dignos han proliferado hasta en cuestiones tan banales como el fútbol.
Este es un ejemplo poco ortodoxo pero aplicable a la sustentación de esta opinión. Los mexicanos nacionalizados que participan en la liga profesional local son considerados como “mexicanos de segunda”. Son poco dignos de portar la casaca de la selección nacional de fútbol. En una palabra: no son mexicanos.
Con un sistema de leyes cimentadas en la buena voluntad de las personas, la Constitución Mexicana, con transparente atingencia, determina lo contrario. No hay categorías de mexicanos nadie es más y ninguno es menos. Sin embargo la poca o nula responsabilidad de anteponer los derechos ciudadanos a la injusticia o violación de los mismos ha permitido interpretar desacertadamente las leyes que rigen nuestras relaciones cívicas y sociales que establecen ante todo, el desarrollo solidario y armónico de la sociedad.
La aseveración mencionada, me lleva a establecer la falta de moral que en ocasiones nutre nuestros actos.
Pareciera que hemos determinado que las leyes son idóneas mientras no sean aplicadas a nuestra persona. No hay indulgencia porque “no me preocupa el desarrollo o la armonía de mi vecino, de mi colonia, de mi ciudad”.
Normalmente sufrimos la ignominia de la indiferencia o bien somos parte activa de ella, una dicotomía tan severa, como la inestabilidad que priva en ciertos sectores de nuestro ambiente.
Los hay quienes se dejan flagelar por su puritana y santa moral, temiendo el castigo y el oprobio de los propios, de los estrechamente relacionados a ellos o de si mismos, los hay quienes auspiciados por la intolerancia resultan en irresponsables acopios de indiferencia.
Explícitamente, casos tan simples que desajustan conceptos tan básicos en nuestro crecimiento personal como la cooperación y la justicia.
Especialmente los derechos humanos deben ser aplicados no solo en las personas connotadas como políticos, artistas o adinerados. Es necesario evitar situaciones tan lamentables que nos lleven a la incredulidad de ser ciudadanos de el país de no pasa nada.
A pesar de ser socialmente incorrectos a nivel global, las regiones o países deben generar las condiciones adecuadas para lograr la aceptación de formas de pensar, de ser y de actuar distintas. La tolerancia debe regir la aplicación de lo política, social y humanamente correcto.
Respecto al nivel individual, aspecto que se reproduce con mayor celeridad, también requiere una renovación tácita.
Ilustrar la autocomplacencia implica verse en el espejo, en ocasiones basta con mirar alrededor; respecto al medio ambiente existen situaciones que nos son comunes, pero que están plagadas de irresponsabilidad: autos sonando su claxon, basura tira en la calle, drenes pluviales taponados, talleres mecánicos en zonas no autorizadas, locales comerciales con música estridente, personas fumando en lugares no permitidos y en el paroxismo: desechos tóxicos industriales en los mantos acuíferos.
Es menester de las instituciones que fundamentan la sociedad, educar para armonizar, educar para responsabilizar. Me refiero especialmente a tres de las más importantes: la familia, la escuela y el propio gobierno.
La labor no inicia en la escuela, es en la familia donde estos valores deben ser inculcados para ser cumplidos y reforzados en las actividades educativas. Los niños imitan y los jóvenes reproducen, generalmente, por tanto la familia de tener mayor conexión moral con la solidaridad en el crecimiento de sus miembros.
Respecto a la labor de la Educación, son las escuelas las que deben continuar moldeando y trabajando con sus alumnos para evitar esa indolencia que resulta del tan traído y llevado “si no me afecta, no me importa”. Cada actividad que desarrollamos, por ínfima que parezca, se refleja en la cotidianeidad de nuestro entorno. No hay desarrollo sin respeto a lo que es cada persona y a lo que representa no solo para sí, sino también para el grupo social.
No es altruismo lo referido, es una simple regla básica de convivencia que desemboca en la transformación del individuo y por ende de todo el contexto que nos envuelve.
La labor educativa debe fijarse firmemente en la responsabilidad compartida de ser cooperativos. Todos y cada uno de los días. No en una crisis o un desastre. No en el populismo o en el bonapartismo. No en la opulencia y en el derroche. Sí, siempre, en cada una de las acciones de sus educadores y sus educandos.
El Estado mexicano debe ser transparente y administrar la justicia basada en el bien común, dejando de lado el irrespeto a las condiciones que privan en la buena voluntad y en los derechos civiles y sociales de los individuos.
Individualmente debemos ser más participativos, más elocuentes con nuestras necesidades, más voluntariosos con nuestras acciones. Debemos gestar el respeto a nuestros derechos que por antonomasia nos pertenecen. La política, actividad fundamental de los gobiernos, es tan importante que no debe ser dejada su práctica solo a los políticos.
El conjunto de estas acciones institucionales, irremediablemente resultará en armonía copiosa, en indiferencia extinta y en vergüenza exigua. La responsabilidad de ser solidario logrará emerger… utópicamente, aún cuando a Estados Unidos le dé un gran resfriado.

"Siento frío, ya no escucho el corazón..." Caifanes.

Aspirar o expirar: cuestión de enfoque

En el deber y en el hacer debe existir una brecha imperceptible para comprender y aplicar los derechos y deberes que implican la ciudadanía y la ética. Es invaluable el aspecto ideológico como parte del contexto que interpreta la relación del hombre con el mundo.
El enfoque de los conceptos esta marcado por sus contrapartes: discriminación, irrespeto, intolerancia, etc. Se dice que solo existe una condición humana, que los derechos humanos son universales, que nuestras prerrogativas son aquilatables, pero en la práctica identificamos que esta concepción globalizada no es del todo sustentable.

Cada individuo siente su propia raíz a través de la ciudad, región o localidad donde ha nacido, siente su patria como aquella cantidad de sangre necesaria que le permite vivir, siente su idiosincrasia como el mismo aire que le permite ser y estar cada día.

Al margen de adjudicarme lo que me es propio, la idea continua rondando mi cabeza, estira y afloja, viene y se va, me habla al oído, en ocasiones me grita, llega a seducirme pero no se concreta del todo...

Echarle ganas, es lo propio del mexicano.

Tan mitológica frase ha sido acuñada y perpetuada por los mexicanos, en las profesiones, en la escuela, en la casa, en fin, por todo lo benditamente recóndito y en todo lo humanamente expuesto como “el verdadero mexicano”.

¿Qué es realmente esta, tan "válida frase"?

Resulta una paradoja inexpugnable tanto del significado como de la utilización de nuestra ya patentada frase, en otras culturas: "to give it a good effort", "to jump into it with both feet", "to throw oneself into it" o bien "give it all you've got" serían las socorridas formas de decirlo.

¿Cómo explicarle a un alemán que somos un pueblo concebido para tratar, mas no para conseguir?. ¿Cómo le indicas a un neozelandez que la mentalidad forjada en nuestra cultura de cobre, es la más insufrible por que estamos programados solo para el esfuerzo. ¿Entenderá acaso, un oriental, nuestra filosofía del "ya merito"?

Como mexicanos, siempre establecemos que nuestra prioridad es "echarle ganas", por que para eso estamos, no para conquistar sino para morir en el intento. Nuestro patriotero orgullo o mal concebido patriotismo de sentirse mexicano penetra con su luz sobre las características que nos hacen únicos: Fiesteros, apasionados, entrones y valientes, (Encuesta Ma. de las Heras, septiembre 08, Periódico Milenio), pero, ¿Dónde se encuentran las capacidades y cualidades como ahorrador, sincero, honrado y precavido?, esas no son nuestras, si tu manera de ser es así, eres el mal, hecho carne. ¡La Malinche personificada!... ¡Por qué no te equivocaste Octavio Paz!

¡Que vivan los fines de semana de fútbol y cerveza!, apología romana en el México de hoy. Echarle ganas es la filosofía de quien añora sacarse la lotería sin comprar boleto. La responsabilidad, el trabajo integro y honrado ante todo, deben diluir la ancestral y mezquina estrella que hasta ahora nos ha guiado.

La ética y la ciudadanía entonces, pueden aspirar y expirar de acuerdo a la propia necesidad o satisfacción del individuo. “la naturaleza humana es el complejo de relaciones sociales porque incluye la idea de devenir: el hombre deviene, cambia continuamente el cambiar las relaciones sociales… Las relaciones sociales son producidas por diversos grupos de hombres que se presuponen, cuya unidad es dialéctica, no formal… “…por eso la naturaleza humana no puede identificarse en ningún hombre en particular, sino en la historia entera del género humano…” (Antonio Gramsci: Socialismo y cultura).

La naturaleza humana manifiesta, sin embargo, grandes acciones y proyectos, con intenciones cimentadas y establecidas en la buena voluntad, los aspectos políticos y religiosos son ejemplo de ello. La Constitución de la mayoría de los países y la libertad de culto son ejemplos fehacientes.

¿Pero, dónde quedan los derechos y la ciudadanía de la persona fallecida que no recibe cristiana sepultura debido a la falta de ética de un párroco que determina que las misas de cuerpo presente deben ser “contratadas” con un día de anticipación?

Las religiones han establecido una supuesta igualdad donde cada individuo es considerado hijo de Dios, sin más responsabilidad ni virtudes, salvo el hecho de ser parte del grupo de feligreses.

Las leyes eclesiásticas y civiles no contemplan la torpeza y falta de buen juicio de las personas, sean cuales fueren sus cargos, rangos y ámbitos. “La igualdad real, o sea, el grado de espiritualidad conseguido por el proceso histórico… se trata de igualdades sentidas como tales por los miembros de una asociación y desigualdades entre las diversas asociaciones; igualdades y desigualdades que valen en la medida que haya conciencia de ellas, individual o de grupo. Así se llega a la igualdad o ecuación entre filosofía y política entre pensamiento y acción, o sea a una filosofía de la práctica. Todo es político, incluso la filosofía o las filosofías” (Antonio Gramsci. Antología. 1978. Edit. Siglo XXI.).

En el umbral de este siglo XXI, la conexión entre los derechos y deberes es parte frontal del proceso de formación de los educandos. La escuela como institución ha recobrado un valor coyuntural a nivel mundial.

Específicamente en nuestro país, México, la relevancia de la educación formal pública pretende una reforma en el papel, muy loable, la cual ha desatado ciertas controversias entre las autoridades y los hacedores de la educación, es decir los profesores. Por parte de las autoridades relativas se busca calidad sin indagar, sin observar; exclusivamente para lograr indicadores. Por parte de los profesores, se busca la fuente de trabajo, no la calidad en la educación. Nuevamente los derechos y deberes, cada cual defiende y ataca según su cometido.

Es indudable que las percepciones pueden variar y especialmente pueden generar conflicto. La educación, solo en ocasiones, ha sido el paliativo de igualdad de derechos y obligaciones, “Durante siglos la enseñanza ha servido para discriminar a unos grupos humanos frente a otros, a los hombres frente a las mujeres, a los pudientes frente a los menesterosos…” (Fernando Savater, “El valor de educar”, Ariel. 1991).

La clase política mexicana debe trabajar en la consecución de los proyectos educativos requeridos por la sociedad, las autoridades educativas deben cimentar su accionar y sus proyectos en la esencia de la educación: el alumno; los profesores debemos integrarnos a una nueva visión de observar y participar de las acciones que solventan la calidad humana, generar aprendizaje significativo y sustentable para lograr egresados con la responsabilidad y el compromiso que es necesario en esta era.

Se requiere, con nuestra diaria actividad, comprometer, fortalecer, generar, difundir el pensamiento y el sentimiento de un nuevo tipo, basado en el valor del hombre y la mujer, de la sensibilidad, de la solidaridad, de la tolerancia, del respeto al otro, del compromiso con el otro. Valorar nuestro entorno histórico, geográfico y ecológico.

La ley de probabilidad nos sentencia: si se repitió una vez, ocurrirá otra y muchas más.


* Entorno: m. Ambiente, lo que rodea: entorno laboral, familiar.

martes, octubre 14, 2008

Tú, que dejaste tu estrella para sentir el mar... (Jaguares)


La luna era la misma, según él… no encontraba razón alguna para sentir que esa luminosidad y ese cielo diáfano eran un nuevo suspiro de su alma. Un beso prometido y soñado podría enmarcar la promesa del sendero cierto que trazaban los rayos de la más bella luna de aquél octubre. No era algo ordinario… pero para él, la luna era la misma.

La brisa otoñal cambiaba una a una las páginas de aquel diario, pasaba día tras día las anécdotas que daban vida a un ser inerte, el viento desvelaba aquella vida sin sentido que fue plasmada a través de la tinta permanente y del papel perecedero, un lunes, un jueves, el día 23, el día 5, un sábado por la mañana, el mismo sábado en la noche… sin embargo, el mudo testigo posado en el cielo, para él, era el mismo.

Sábado 14 de octubre:

“Hoy se ha posado nuevamente en mí, llegó como si mi alma estuviera en venta… la anhelaba, suave y ruda, estruendosa y calma. Cantaba el estribillo más sutil, lo repetía hasta la saciedad pero no me aburría, por el contrario, sentía una sublime necesidad de continuar oyendo su sonsonete. La armoniosa acústica llegaba exactamente a mi necesidad de escuchar, como si la escalera sinuosa estuviera frente a mi persona, posada para ser usada.

La dama de la enigmática e irresistible sonrisa me guiñaba, me invitaba, me suplicaba, me decía que en cualquier lugar la encontraría, como quién anhela el paraíso. El menoscabo de mi existencia transformaba lo que pensaba, el más inspirado infortunio yacía ahí de frente a mi entendimiento.

Contrastante resultaba el cuadro, a mi diestra la fortuna de haber encontrado tus encantos entre mis lágrimas y en el costado siniestro la sonrisa entonando con armonía… Con mis sosegados sentimientos me he dado cuenta que no quiero hablar, hoy no puedo tomar tu mano y decirte adiós, sólo quiero escribirte: cuando mires al cielo ahí estaré, posada en la luz de la luna mirando como logras llegar a…”

El viento soplo nuevamente, dio bruscamente vuelta a la hoja, el cielo observo una página inmaculada, totalmente ausente de pensamientos, de vida; así como se encontraba aquél que para sí mismo, la luna, seguiría siendo la misma.


* Menoscabo: Deterioro y deslustre de algo.

martes, septiembre 23, 2008

Que dificil se me hace, mantenerme con coraje... (Alejandro Lerner)

Al margen de adjudicarme lo que me es propio, la idea continua rondando mi cabeza, estira y afloja, viene y se va, me habla al oído, en ocasiones me grita, llega a seducirme pero no se concreta del todo...
Echarle ganas!!!
Tan mitológica frase ha sido acuñada y perpetuada por los mexicanos, en las profesiones, en la escuela, en la casa, en fin, por todo lo benditamente recóndito y en todo lo humanamente expuesto como el verdadero mexicano.
¿Qué es realmente esta, tan "válida frase"?
Resulta una paradoja inexpugnable tanto del significado como de la utilización de nuestra ya patentada frase, en otras culturas: "to give it a good effort", "to jump into it with both feet", "to throw oneself into it" o bien "give it all you've got".
¿Cómo explicarle a un alemán que somos un pueblo concebido para tratar, mas no para conseguir?. ¿Cómo le indicas a un neozelandez que la mentalidad forjada en nuestra cultura de cobre, es la más insufrible por que estamos programados solo para el esfuerzo. ¿Entenderá acaso, un oriental, nuestra filosofía del "ya merito"?
Como mexicanos, siempre establecemos que nuestra prioridad es "echarle ganas", por que para eso estamos, no para conquistar sino para morir en el intento. Nuestro patriotero orgullo o mal concebido patriotismo de sentirse mexicano penetra con su luz sobre las características que nos hacen únicos: Fiesteros, apasionados, entrones y valientes, (Encuesta Ma. de las Heras, septiembre 08, Milenio), pero, ¿Dónde se encuentran las capacidades y cualidades como ahorrador, sincero, honrado y precavido?, esas no son nuestras, si eres así, eres el mal, hecho carne. ¡La Malinche personificada!... ¡Por qué no te equivocaste Octavio Paz!

¡Que vivan los fines de semana de fútbol y cerveza!, apología romana en el México de hoy.

Echarle ganas es la filosofía de quien añora sacarse la lotería sin comprar boleto.

La responsabilidad, el trabajo integro y honrado ante todo, deben diluir la ancestral y mezquina estrella que hasta ahora nos ha guiado.

* Apología: Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo.

domingo, agosto 24, 2008

Crea la dimensión, sin disimular... (Soda Stereo)


Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

Leí la pregunta del examen y decía: Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.

El estudiante había respondido:

Llevo el barómetro a la azotea del edificio y le ato una cuerda muy larga. Lo descuelgo hasta la base del edificio, marco y mido. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudio, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta, pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta:

Tomo el barómetro y lo lanzo al suelo desde la azotea del edificio, calculo el tiempo de caída con un cronometro. Después se aplica la fórmula altura= (1/2).g.t^2. Y así obtenemos la altura del edificio.

En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dió la nota más alta. Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.

- "Bueno, respondió, hay muchas maneras. Por ejemplo, tomas el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio". -"Perfecto, le dije, ¿y de otra manera?"

-"Si, contestó, este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcándola altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura.

Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de precesión. En fin, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del portero. Cuando abra, decirle: `Señor portero, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo`"

En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares). Evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, Premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones, neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que LE HABAN ENSEÑADO A PENSAR. Por cierto, para los escépticos, esta historia es absolutamente verídica.


* Innovador: Adj. Persona que altera las cosas introduciendo novedades.

sábado, julio 05, 2008

... con tendencia a quedarse calvo de tanto recordar (Nacho Cano)



Aquí estamos nuevamente.
Y ahora tú, no dejes de hablar.

Puedo regresar tiempo atrás
y tus señales serán las mismas.

Tus manos murmurando
contenidos acercamientos,
mensajes como fotogramas
y sensaciones sin voluntad.

Pareciera que nada tiene una razón,
solo el tiempo nos dejará una verdad,
esa no se puede olvidar.

Aquí estarás en mí, para siempre.



* Fotograma: m. Cada una de las imágenes que se suceden en una película cinematográfica consideradas de forma aislada.


jueves, julio 03, 2008

Oye, ¡No les ayudes a enterrar la luz! (Pink Floyd)

Ana se volvió, lo miro fijamente y le dedicó la mirada que todos desean sentir alguna vez en su vida.

Toda la ternura envuelta en unos ojos.

Se marchó, se fue a continuar con lo que consideraba a la razón de su existir.

Caminó el largo pasillo que le llevaría a su auto. Pensaba, recordaba y atraía cada vez con más intensidad y vivacidad, los momentos que había compartido con él, cuando se conocieron… cuando se despidieron hacía unos momentos, y empezaba a extrañarlo; por un momento creyó que correr y regresar a verlo nuevamente era lo mejor, pero ya estaba por abordar su auto. No tuvo valor.

En el interior del coche, dejó escapar una lágrima. Era lo más representativo de esa felicidad y desdicha que sentía, un sinsabor que resultaba agradable.

Arrancó el vehículo y pronto vio reflejado lo dúctil del asfalto en las poderosas llantas de su coche. Ya casi salía del lugar, cuando se reprimió para pronunciar su nombre.

Solo espetó una cristalina sonrisa y pensó...pensó, y se vino el silencio.



*Espetar: Decir a uno bruscamente algo que le sorprende o molesta


Botellas con olor a verano (Antonio del Castillo)


El bullicio de la transitada calle se confundía con la campana que sonaba una y otra vez al abrir la puerta de aquel local poco común. Los coches iban y venían, quizá menos veloces que la propia gente que dentro de su pasmosa prisa, mostraba un marasmo solo mediante sus miradas.

La apatía de las personas era evidente a través de la ventana del alma, sin embargo, su cuerpo decía lo contrario. La muchedumbre se movía cual hormigas, sin cesar, sin detenerse a pensar… “Hasta parecen autómatas” dijo Daniel.

Saúl, el padre de Daniel, se acercó al aparador a través del cual ambos veían ahora el paso de las personas. “Debes dejar de ver esos programas Daniel, no vayas a creer que todo lo que ocurre en la tele es verdad”, al momento de decir esto, ambos volteaban a ver como la puerta de su local volvía a abrirse para dejar entrar a otras personas que como a casi todos los que ahí se introducían, cambiaban su prisa por una especie de tranquilidad y quietud que rayaba en lo enigmático.

- Señor, buenas tardes,

- ¡Hola!, respondió Saúl

- ¡Hoooola!, saludó Daniel con un tono de cancioncilla infantil

- Mire, pasaba por aquí y casualmente me he dado cuenta que después de tanto tiempo de ir por esta transitada avenida, existe este, su negocio, bueno… (titubeaba el señor), es que no sé como hacerle la pregunta, es que yo, un extraño, vengo a su negocio… y preguntarle esto, pues no sé…

- “¡Rubén! Es una simple pregunta, ¡hazla ya!”, le dijo una señora que le acompañaba.

Mientras esto ocurría Daniel ya había ido al otro extremo del local, donde se ubicaban alrededor de 25 personas, entre niños, hombres y mujeres, todos con una mirada vivaz, ávida de escuchar, de saber y de entender. Se paró frente al grupo y les dijo que no desesperaran, que su padre llegaría con ellos en un momento.

Era un tanto raro ver a esas personas, reunidas en torno a una silla vacía. Especialmente cuando afuera todo era una especie de vorágine y ahí dentro de ese lugar todos tenían la característica de la calma. El lugar era bastante colorido, espacioso para un infante y un poco estrecho para los adultos, según los niños era una especie de librería, según los adultos era como cualquier tienda en donde se vende de todo. Lo extraño del lugar era ese rincón decorado con un afiche enorme, que iba desde el piso hasta el techo, el cual tenía impresa una botella de vidrio, de forma bastante común, con la cara de una hermosa mujer como etiqueta y circulándole un texto con perfectas y legibles letras que se podrían leer, hubo quien incluso mencionaba que se podían oler, ya que esto es lo que sugería su nombre. “Olor de Verano”

- “Ya siéntate Rubén, ahí junto a la silla, para no perder detalle”, era Irene, la esposa de Rubén, quien le urgía para lograr el mejor lugar, según ella.

“Hola amigos, yo soy Daniel y trabajo aquí con mi padre, aunque me vean como un niño de 13 años este trabajo lo hago con el consentimiento de mi padre, y no es para ayudarle a él, sino para ayudar a mi madre. Mi mamá ahora está allá en el cielo, pero antes de partir nos dejo un gran trabajo a mi padre y a mí”.

- “¡Ya niño!, queremos saber por que este lugar vende botellas con aroma de verano”, era nuevamente Irene, con un protagonismo característico de las personas que necesitan la atención de los demás.

“Casi todos tenemos un proyecto de vida”, dijo Saúl en ayuda de su hijo, “el nuestro es este, contar nuestra historia para poder vender estas fabulosas botellas con olor a verano, pero déjenme contarles como surge esto…

- ¡Apúrense quiero que vean esa cascada, es enorme!, gritó Sofía a su esposo y a su hijo que se habían retrasado en el camino.

- ¡Mamá, mamá, ya vi como nace una mariposa!,

- ¡Hijo, el milagro que acabas de ver se repite miles de veces al día, pero es fantástico que te impresione, así deberíamos ser todos, deberíamos continuar con nuestra capacidad de asombro…

- “Es verdad Daniel, aquí en el campo, como en la ciudad, cada día ocurren miles de milagros pero nuestra prisa y nuestro egoísmo hacen que nuestros ojos veamos todo eso como normal, como si siempre ha pasado y pasará”, le dijo Saúl.

- “Pero papá, si esto siempre pasa, ¿Por qué no lo apreciamos?

- “La capacidad de asombro del hombre se ha perdido”, le dijo Sofía, “a ver, dime Daniel, ¿Qué haces al despertar cada mañana?”

- Pues lo que me has enseñado, darle gracias a Dios y a la naturaleza por ese sol que ilumina o esa lluvia que cae fuera de la casa.

- “Bien hijo, nunca dejes de hacerlo”, le pidió Saúl

- “Por eso cada verano venimos al campo, a la naturaleza, para que tu capacidad de asombro no se pierda, para que veas el milagro de la vida en cada detalle, en cada animal y planta que hay por aquí. ¿Te gusta?

- Mamá, ¡me gusta tanto lo que veo!

- “No solo es lo que ves, también son los olores”, dijo Saúl a Daniel y con una sonrisa llena de ternura, volteó a ver a Sofía para decirle: “aquí huele como tu pelo, me gusta este lugar por que huele a ti, huele a tu sonrisa, huele al amor que le das a nuestro hijo, huele a paz, a tranquilidad, huele a humanidad”.

Sofía solo le guiñó un ojo, le sonrió y al momento que le enviaba un beso con la mano, corrió hacia donde caía esplendorosa esa cascada que tanto deseaban ver.

- “Corran, corran”, les gritaba

Después de un rato de maravillarse con la imagen majestuosa, se tomaron muchas fotos como recuerdo, los tres juntos, en pareja, en fin, con todas las combinaciones posibles para no perder la esencia del momento. Las fotos eran innecesarias, pues el sentirse unidos entre ellos y con la naturaleza, bastaba para recordar lo armoniosamente vivido.

Antes de irse del lugar, Sofía se acercó a Daniel y le dijo:

- “Hijo, lo que te hemos enseñado tu padre y yo, jamás deberás de olvidarlo, mira lo grande que es este lugar, observa lo pequeño que somos los humanos ante este fenómeno llamado naturaleza, ¡Debes cuidarla!, en la escuela te enseñan el respeto hacia las personas y hacia tu entorno, sigue así hijo mío, piensa en que este paraíso nos fue otorgado como un préstamo, cuídalo y has que las personas que conoces lo cuiden y lo conserven”.

- “Mamá, pero solo soy un niño ¿Cómo podré hacer eso?”

- “Daniel, tu al igual que todos los niños, son tan especiales que nos enseñan a los adultos como debemos actuar con honestidad y responsabilidad, no te preocupes ahora, ya se te ocurrirá algo, cuando seas más grande”

- “Tú me ayudarás madre, ¿Verdad que sí?

- Claro hijo…

Dichas las palabras, ambos tuvieron que correr, divertidos, ya que el cielo interrumpió la conversación con una lluvia prodigiosa, lluvia que genera vida, lo que esa lluvia no sabía era que no solo iba a engendrar vida ahí en el campo, sino también en la gran ciudad.

La lluvia había sucumbido, Sofía salió de su casa de campaña llevando en sus manos una pequeña botella de cristal transparente, respiró hondo, se llenó de energía, se desbordó de los olores de la vida y abrió la botella unos instantes y después la tapó.

Los ojos de Daniel se abrieron, y como cada mañana desde dos años atrás que su madre había fallecido a causa de una rara enfermedad, estos se posaban en la botella que le había dejado junto a su almohada en aquel viaje. La contemplaba y esbozaba una sonrisa de gratitud ya que en ella se contenía la esencia de aquel ser maravilloso que le dio la vida y la felicidad gozada junto a ella. Mientras la veía musitó: “los olores del verano, los olores de nuestro verano…”

Por increíble que pareciera, se le ocurrió aquella idea que le permitiría hacer la labor que le había pedido su madre, se incorporó con la vitalidad de su niñez y corrió a la habitación de su padre para darle la buena nueva: “Papá, papá, ya lo tengo, es una fabulosa idea, debemos hacer botellas con olor del verano y hacer que las personas las tengan en su casa…”

- “Te lo dije Rubencito, esta historia comenzó hace muchos años”, nuevamente era la voz de Irene, pero ahora era tan cascada que no se disimulaban los años que traía a cuestas. “Hace 25 años venimos aquí por primera vez y aun sigue esta bella labor”

- “Abuela, ¿También estuvo aquí el abuelo Rubén?, preguntó Rubencito un niño de la edad de Daniel cuando se le ocurrió la brillante idea de las botellas con olor a verano.

- “Así es mi amor, esta botella que traigo conmigo, es la que representa nuestro verano, por eso ahora quiero que tu escojas la tuya para hacer tu verano y para que como los miles que lo hemos hecho, te comprometas a cuidar el ambiente y para así cuidarnos a nosotros mismos”

- “Pero Abuela, no tengo dinero para comprar una botella tan valiosa…”

- “Hoooola Señora Irene”

- “Pero, ¿Cómo sabes mi nombre?, esa manera de saludar… mmm, ¡aaaah! ¡Ya sé! ¡Tú debes ser el hijo de Daniel!

- Sí, mi padre se llama Daniel, yo me llamó como mi abuelo, Saúl, él me dijo que usted se llama Irene, dígame, después de oír la historia, ¿Comprará su botella con olor a verano?

- Claro hijo, pero será para mi nieto, ¡Rubencito!, ven, págale al niño

- Abuela, te dije que no tengo monedas para pagar

- “Pero aquí no necesitas monedas, solo con una sonrisa basta, y eso será lo primero que metas en tu botella, después serán las risas con tus padres, los buenos ratos en compañía de tus hermanos, en compañía de los que más amas y de lo que más quieres, cada armonioso momento vivido, será tu verano”, le dijo su abuela.

- Hola Señora Irene…

- ¡Hola Daniel, el mundo se ha llenado de tus botellas… felicidades!

- “Sí, gracias a personas como ustedes nosotros cada día somos más ricos, con tanta sonrisa que nos han pagado, somos inmensamente ricos, mi madre estaría orgullosa de ello”. Contestó Daniel mientras acariciaba el pelo de su hijo, que ufano se dirigió a entregar más botellas con olor a verano a cambio de las más sinceras sonrisas.

FIN



* Prodigiosa: adj. Extraordinario, maravilloso

Pero 2 no es igual que 1 +1... (Joaquín Sabina)

Llegado el momento, cada cual abre la mente, siente su alma y se deja llevar por las sensaciones inocuas pero que le embargan, para plasmar mediante texturas ese algo que irradia la rabia, la tristeza, la grandeza, lo lúdico, la simplicidad y todos los sentimientos y actitudes que nos dan forma como seres humanos pensantes.


Los pincelazos vertidos no se refieren al Sub Marcos y su enconada alerta roja, o al gran festejo del jefe de la Nación, mucho menos al miedo de mencionar el título de algún libro de García Márquez, tampoco los relieves dejan entrever la seducción de un discurso desgastado o la caída libre de las adherencias políticas o el poco compromiso de quienes se ostentan humanistas.


Las sensaciones no resuelven la falta de libertad, pero si dan pie a una manifestación constante con respecto a lo que es nuestro entorno y como cada acción que realizamos afecta de alguna manera a todo el universo, afectar de manera positiva, evitando la realización de tesis de la vida, por que la vida se vive, no se estudia ni se articula en la ciencia y menos en la exactitud, se aprende a través de los errores y se acierta mediante los momentos realmente vividos.


Recuerdo a Joe Pesci en la película "Con Honores", él interpreta a Simon Wilder, un vagabundo, antes gran trabajador venido a menos, pero con la sabiduría que otorga el harto trajín de la lucha diaria; su indigna vida se resumía en las piedras que llevaba consigo en un pañuelo desgastado, cada piedra representaban los momentos más trascendentes de su existencia.


¿Cuántas son tus piedras?

¿Caben en tu mano o en un gran saco?

Las que fueren deben tener el mérito de dejar en ti el valor y la energía de ser, el apetito vehemente a estar.


Desde hoy busco una “piedra” que manifieste el afecto de que está poseída por un momento claro y evidente de mi participación en este espacio.


Hoy inicio y espero no terminar...

Sin ornatos, compartir ideas y hacerlas comunes, sin ser pretencioso.


*Inocuo: adj. Que no hace daño